Supermercado.

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Crédito foto: Kees Van Mansom

Para que te imagines la escena, fue algo así: martes, 8 de la noche, supermercado.

Vas con tu carro que tiene, como mucho, 15 cosas. Intentás localizar la caja con la fila más corta, pero todas las que hay están abarrotadas. Y pasa lo de siempre: te decidís por una, te ubicás al final y, de pronto, como si un ser invisible la pusiera en pausa, te das cuenta que no avanza, que ya no va a avanzar. Por supuesto, mientras masticás tu bronca,  ves que en las cajas de al lado la gente pasa sus compras por la cinta, paga, se va, sigue su vida en cualquier otra parte. Y vos, una vez más, elegiste mal.

Entonces te cambiás de fila. Observás una que sí, podría andar: hay una mujer con un bebé en cochecito, una pareja con nene chiquito, un señor con nene no tan chiquito, una señora mayor. Advertís el error a tiempo: fila exclusiva para embarazadas, personas con bebés, etcétera. No entrás en ninguna categoría así que decidís ir a la fila de al lado, la del señor que lleva muchas botellas de agua mineral y el otro hombre con un televisor pantalla plana de no sé cuántas pulgadas. El televisor no te permite ver más allá, pero calculás, fácil, tres o cuatro personas más por delante.

Y pensás: listo, ya está, no me voy más, me quedo a vivir acá, en la sección de los productos de limpieza, al lado de las lavandinas, todo amarillo, amarillo, amarillo.

Otra vez tenés que abrirle paso al nene que pasea en un autito de plástico como si las góndolas fueran carriles de una autopista imaginaria. Cuando lo viste por primera vez (ibas recién por el aceite y los fideos) te había resultado simpático, tan concentrado en su mundo. Ahora, en pleno atascamiento de tránsito en hora pico, ya no te causa tanta gracia.

De pronto, en la fila de al lado, la gente empieza a elevar la voz. Que yo estaba antes que vos, que ese nene no es un bebé, ya es grandote y encima rompió las bolas todo el día en el autito, y otras cosas más que no llegás a escuchar. Aunque querés escuchar. Después de todo, entre tanto aburrimiento viene bien un poco de pimienta.

El griterío aumenta y ya se va de proporciones: los nenes lloran, sus padres gritan por encima de los llantos y aparece un empleado de seguridad que trata de calmar los ánimos sin demasiado éxito. Como si los roles se hubieran invertido (si te portás mal te cambio de lugar), el padre conflictivo es expulsado de la fila y enviado junto con su crío (no tan chiquito) a otra.

Los que permanecen en la fila se sonríen y murmuran porque sienten que hicieron justicia, o algo así. Se ponen a conversar entre ellos como si ya se conocieran, como si esa causa común contra la que se unieron, en cierto modo los hermanara. Entonces uno de ellos dice su nombre y cuenta que es electricista. Ahí nomás, sin perder el tiempo, saca una pilita de tarjetas y las empieza a repartir a sus compañeros de batalla. “Si necesitan algo, instalaciones, reparaciones, ya que estamos, hay que aprovechar, la cosa está difícil”. Y la pareja con nene chiquito intercambia miradas, y ella le dice a él “qué justo, por ahí puede ir al local y solucionarnos el tema del corte de luz”.  Así que se ellos también se presentan, le explican al electricista el problema, acuerdan un horario para el día siguiente.

El señor del televisor gigante ya se va y vos empezás a pasar tus productos por la cinta negra. Sentís que desperdiciaste una hora de tu vida, una hora en la que no pasó absolutamente nada.

Llegás a tu casa, guardás las cosas y ahí te das cuenta: tenías que comprar lavandina.

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3 thoughts on “Supermercado.”

  1. Hola Marina ,llegue a tu blog por Disqus,y la verdad fue una grata y agradable sorpresa,encontrarme con un blog que irradia tanta paz,tranquilidad y hace pensar y motiva el habito de la lectura.Simplemente decirte que me encanta como escribis y que logras transmitir muchas emociones cuando uno lee tus escrituras.Bueno ya mismo pongo en favorito tu blog asi lo puedo visitar cada ves que mi trabajo me lo permita ,esta muy bueno,dejar un poco el apuro diario en el que vivimos y tener un momento de reflexiòn .Ya me suscribi para recibir las novedades de todo lo que escribis,te mando saludos y un gusto conocerte.

    1. Hola Gabriel, gracias por tu comentario! 🙂 Es lindo saber que hay alguien leyendo del otro lado y más lindo todavía que la lectura te haya generado esas cosas que decís. (La sorpresa es mía!). Saludos para vos también!

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